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Mil nombres tiene la muerte

Oct 28, 2020

#DespiertaSonora

La ironía es parte de la cultura de la muerte y la más florida de las letras mexicanas, las calaveritas, para nombrar y adjetivar a los difuntos el día dos de noviembre. La primera aparición comenzó en durante el gobierno de Benito Juárez, época donde las clases altas intentaban asemejarse a las élites europeas en su modo de vestir y comportarse. Más reciente en  1949, cuando el periódico “El Socialista” comenzó a ofrecer epitafios alegóricos en honor de un personaje, real o ficticio, que se comportaba de manera hipócrita. El pueblo encantado de burlarse de los políticos de  inmediato uso la rima corta y mordaz para sentenciar a los vivos, para matarlos a carcajadas. 

La muerte violenta de cifras catastróficas que tiñe de sangre la geografía de México, como una lente de aumento nos acerca a las palabras más ásperas y lastimeras del léxico popular mexicano: La trompada, La tilica, La tostada, La tiznada, La tembeleque, La tilinga, La siquirisiaca, La raya, La pelona, La patrona, La parca. La patas de catre, La pálida, La mocha, La llorona, La guadaña, La jodida, La jedionda, La llorona, La huesuda, La fregada, La flaca, doña dientona, La chiripa, La calaca, La jijurria, La catrina,  y La santa muerte.

Al estilo salomónico, mientras más cerca la tenemos se torna la muerte en un tema difícil de hablar por lo cual el mexicano mejor se ríe de la muerte, como si nombrándola de una forma familiar y graciosa apaciguáramos lo que en realidad sentimos tarde o temprano: el miedo a morir.

A pesar de que la muerte no es cosa de risa, “la muerte me hace los mandados”, expresa el refrán popular como un intento de envalentonarse ante una causa anunciada e irremediablemente perdida.

Otras frases son analogías de muerte y despedida como “el último adiós”, “se extinguió una estrella”, “pasó a mejor vida”, “colgó los tenis”, “ni pio dijo”, “chupó faros”, “entregó el equipo”, y más reciente por la epidemia es “cayó en el covidero”.

La estructura de la calaverita es muy particular aunque no tiene métrica forma, sus versos son de ocho silabas, sus estrofas de cuatro versos, y el tema es el cómo y porque la muerte se llevó al panteón a determinada persona, cuyo nombre aparece claramente en el texto:

“Prometió antes de morir/ más crecimiento económico/ y luego, muy salomónico, dijo: “no es pa’presumir”./ En cuanto a seguridad, juró que mejoraría./ Lo malo es que no sabía que se iría a la eternidad./ No dijo en la mañanera si su estado es bueno y sano./ Entonces la calavera pasó por él más temprano”. (AMLO de Raúl Rodríguez)

Cada muerte es el final de una historia real que todos los días ocurre desgraciadamente; en cambio, en el único y tradicional día de los fieles difuntos, en la burlesca ficción y las calaveritas mexicanas, mil nombres tienen la muerte.

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