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Grupos criminales están erosionando la autoridad del gobierno de México: Washington Post

Nov 2, 2020

#DespiertaSonora

Juan Aldama, México. Esta vez, los asesinos llegaron temprano. Eran las 8:30 de la mañana cuando rodearon la estación de Policía de este pueblo rural. El “¡pop! ¡pop! ¡pop!” de las balas resonó por cuadras. Cuando llegaron las fuerzas de seguridad, Ricardo Barrón Guzmán yacía muerto. Era el segundo jefe de policía en ser asesinado en la localidad en los últimos 14 meses.

Este tranquilo pueblo de 13000 habitantes, ubicado en medio de los campos de frijol y maíz del estado de Zacatecas, solía ser conocido por los héroes que le brindó a la Revolución Mexicana y los migrantes que envió a Estados Unidos. El asesinato del jefe de policía en septiembre reflejó su nueva notoriedad: Juan Aldama se ha convertido en otro frente de una lucha cada vez más compleja de los grupos criminales en México por controlar el territorio.

El arresto este mes del exsecretario de Defensa de México, Salvador Cienfuegos, sorprendió al país. Los fiscales estadounidenses señalaron que había ayudado a un cártel a enviar miles de kilos de heroína, cocaína y metanfetamina a Estados Unidos. Sin embargo, la crisis que enfrenta México va mucho más allá de la famosa y ocasional redada que acapara los titulares.

El crimen organizado solía estar conformado por un puñado de cárteles que traficaban narcóticos por las carreteras hacia Estados Unidos. Pero en un cambio fundamental, los criminales de hoy están penetrando cada vez más profundamente el país, infiltrando comunidades, fuerzas policiales y alcaldías. Una gran variedad de grupos armados — que podrían llegar a ser más de 200 — se ha diversificado en una gama creciente de actividades. No sólo están transportando drogas sino secuestrando mexicanos, traficando migrantes y extorsionando negocios que van desde productores de limón hasta empresas mineras.

“Zacatecas está en manos de la delincuencia”, dijo un maestro de escuela que escuchó el ataque a Barrón Guzmán y quien habló bajo condición de anonimato por temor a represalias. “El gobierno del estado no tiene el control”.

Puede ser fácil pasar por alto lo mucho que ha evolucionado la amenaza criminal en el país. México es el socio comercial número uno de Estados Unidos, y es un país de fábricas activas y tranquilos centros turísticos playeros. Pero a pesar de 14 años de operaciones militares —y 3,000 millones de dólares en ayuda antinarcóticos de Estados Unidos— las organizaciones criminales están transformando el panorama mexicano:

•             En un estudio clasificado que se creó en 2018, pero del cual no se había informado previamente, analistas de la CIA concluyeron que grupos de narcotraficantes habían obtenido el control efectivo de cerca del 20% de México, de acuerdo a varios funcionarios estadounidenses retirados y en ejercicio.

•             En los últimos dos años los homicidios se han disparado a sus niveles más altos en seis décadas; 2020 va rumbo a establecer otro récord. La tasa de homicidios de México es más de cuatro veces mayor que la de Estados Unidos.

•             Cientos de miles de personas han huido de sus hogares para escapar de la violencia; el Congreso mexicano está listo para aprobar la primera ley federal para ayudar a los desplazados dentro del país.

•             Las autoridades informaron que más de 77000 personas han desaparecido este año, un total mucho mayor de lo que reconocieron los gobiernos anteriores. Es la mayor crisis de este tipo en América Latina desde las “guerras sucias” de las décadas de 1970 y 1980.

•             El Departamento de Estado pide a los estadounidenses que eviten viajar a la mitad de los estados de México, etiquetando a cinco de ellos como “nivel 4” de peligrosidad, el mismo nivel que Siria, Afganistán e Irak.

El gobierno mexicano niega haber perdido el control de cualquier parte del país. Pero en un fragmento casi inadvertido en su plan de seguridad del año pasado, comparó a los grupos criminales con insurgentes “con niveles organizativos, poder de fuego y control territorial equiparables, en diversos casos, a los conseguidos en otras latitudes por facciones políticas en armas”.

El presidente Andrés Manuel López Obrador creó una Guardia Nacional de 100 000 miembros para reclamar las zonas con poca presencia del Estado. No hay certeza de si logrará marcar una diferencia significativa. Años de estrategias mexicanas y estadounidenses —arresto de las cabezas de los cárteles, entrenamiento de la Policía mexicana, reforma del sistema judicial— no han logrado frenar la violencia.

Para describir la crisis, los políticos han recurrido al lenguaje del conflicto armado. Cuando nueve ciudadanos con doble ciudadanía, mexicana y estadounidense, fueron masacrados en el estado de Sonora el año pasado, el presidente estadounidense, Donald Trump, solicitó que Estados Unidos ayudara a México a “librar una GUERRA contra los cárteles de la droga”.

Pero el arresto del exministro de Defensa de México en Los Ángeles este mes ilustra la complejidad de la situación. Los fiscales federales afirman que el general Salvador Cienfuegos se embolsó sobornos del Cártel H-2, radicado en el estado de Nayarit.

“En la actualidad no tenemos en México un grupo insurgente que diga: ‘Derrocaremos al Estado’”, afirmó Romain Le Cour, cofundador de Noria Research, un colectivo que estudia la violencia y los sistemas políticos. “En México hay grupos muy, muy violentos que de alguna manera colaboran con el sistema, porque de hecho necesitan del sistema para sobrevivir y prosperar”.

La lucha por el control territorial es diferente en distintas partes de México.

En el estado noroccidental de Sinaloa, antiguo territorio de Joaquín “El Chapo” Guzmán, un sólo cártel ha prevalecido por años. Incluso con el capo de la droga dentro de una prisión estadounidense, el control del grupo es fuerte: cuando los militares intentaron el año pasado arrestar al hijo de Guzmán, Ovidio, decenas de hombres armados sitiaron la capital del estado, Culiacán, y las autoridades tuvieron que dejarlo ir.

En Guerrero, un estado aproximadamente del tamaño de Virginia Occidental, al menos 40 grupos armados se enfrentan por el dominio de ciudades y negocios que van desde la heroína hasta la tala, según Falko Ernst, analista sénior de México del International Crisis Group. La situación pone de relieve la extrema fragmentación del crimen organizado en algunas zonas.

Especial de:https://www.washingtonpost.com/graphics/2020/world/mexico-losing-control/mexico-violencia-carteles-drogas-zacatecas/

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