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¿POR QUÉ QUIEREN DESTRUIR AL VALLE DEL YAQUI?

Nov 19, 2021

PARTE 1

ALBERTO VIZCARRA OZUNA / COLUMNISTA

#DESPIERTASONORA

    El gran aprecio que el México posrevolucionario tuvo por las regiones del país que reunían el potencial para servir como pilares fundamentales en la producción de granos básicos y que las favoreció con una inversión pública vigorosa dotándolas de importantes obras de infraestructura hidráulica, favoreciéndolas con una política de precios de garantía para proteger su producción y con créditos refaccionarios para estimular una acelerada mecanización, se tradujo, a partir de los años ochenta en un abandono constante y en un desprecio creciente que se institucionalizó con la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, (TLCAN) a mediados de los años noventa, cuando se instaló en el gobierno federal el desdén por la soberanía alimentaria y se impuso la falacia de que era más barato importar la comida que mantenerse en el propósito de producirla nacionalmente.

    Hasta el momento estas políticas se mantienen, aún con el actual presidente, que hace del discurso en contra del neoliberalismo solo una profesión de fe, pero en la práctica ratifica tales políticas y sostiene el mismo desprecio por las regiones agrícolas del país a las que castiga con severos recortes presupuestales, dejándolas al garete de los mercados internacionales, no obstante que siguen reuniendo las potencialidades para funcionar como plataformas de producción que le permitan al país reducir significativamente su dependencia alimentaria. Algunas de estas regiones agrícolas, tanto en la costa del pacífico, como en el norte y centro del país encierran la posibilidad de desdoblarse en poderosos centros agroindustriales que desarrollen una mano de obra calificada que hoy solo encuentra oportunidades en el ensamblaje maquilador enganchado al mercado global pero desvinculado de las cadenas productivas nacionales.

    Los gobiernos de Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles y Lázaro Cárdenas, entendían que el cometido de la reforma agraria era crear las condiciones socio productivas que le permitieran al México posrevolucionario sentar las bases para lograr incrementos importantes en la producción de alimentos, especialmente los granos básicos. Eso reclamaba un desmantelamiento paulatino del concepto feudal de la propiedad, expresado en la hacienda colonial, para dar paso  a una dinámica social en torno a la conformación de la pequeña propiedad, el ejido y la organización de colonos que desarrollaran sus vocaciones productivas con el respaldo de una política de estado que definió la producción de alimentos como un asunto estratégico en la construcción de una nación moderna y no solo como  negocio.

    El gobierno de Porfirio Díaz, además de consentir a la hacienda colonial lo que hizo fue concesionar regiones enteras de la nación a compañías extranjeras interesadas en hacer negocios en el territorio mexicano. Así es como la región del Valle del Yaqui, al sur de estado de Sonora, fue concesionada a la compañía norteamericana Richardson en 1905. El objetivo era convertir en tierras cultivables 300 mil hectáreas. En poco más de una década quedó claro que los objetivos trazados eran solo una oferta para lograr la concesión. Ya para 1922 el presidente Álvaro Obregón toma la responsabilidad de poner en marcha un proyecto modernizador del valle, y lo hace asumiendo el control de la compañía Richardson para desarrollar la infraestructura de riego con un canal principal y el establecimiento de un centro de experimentación e investigación agrícola. El ex presidente Obregón, observó que los canales de irrigación construidos por la compañía norteamericana, eran insuficientes para abastecer los riegos necesarios en el Valle del Yaqui y hace el planteamiento de la construcción de un canal principal con la capacidad de introducir un mayor volumen de agua desde las avenidas del Río Yaqui hacía el interior del valle, pues la cuenca aún no contaba con ninguna presa para el almacenamiento y la regulación de sus escurrimientos.

    Estas acciones del estado mexicano, ya perfilaban el potencial extraordinario de la región que terminó de consolidarse con la construcción del sistema de presas sobre la Cuenca del Río Yaqui. A finales del sexenio del presidente Lázaro Cárdenas se inicia la construcción de la primera presa en la parte alta de la cuenca, conocida como La Angostura, y en el gobierno del presidente Ávila Camacho se concluye. Se estableció así el principio para la posterior construcción de la presa Álvaro Obregón (el Oviachic), en la parte baja de la cuenca y luego la presa derivadora y generadora de electricidad en la parte media, conocida como Plutarco Elías Calles, (el Novillo). Esto permitió que en una década, de 1940 a 1950, se duplicara el hectareaje bajo riego al pasar de 100 mil a 200 mil hectáreas de superficie agrícola, que junto a los extraordinarios avances en la genética de las semillas, introducidos por la Revolución Verde de Norman Bourlaug, hicieron del Valle del Yaqui el granero de México y la cuna donde se crearon las variedades de maíz y trigo que lograron atenuar el hambre de cientos de millones de personas en el mundo. Un resumen claro de que la formación de esta región no es resultado ni del azar, ni de aventureros en busca de fortuna. Más bien saldo elocuente de políticas de estado que se soportaron en la intención deliberada de fortalecer el sector primario para darle fuerza al mercado interno y a la economía nacional.

Ciudad Obregón, Sonora, miércoles 17 de noviembre de 2021

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