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  • mié. May 25th, 2022

YA URGÍA Y URGE

SAMUEL VALENZUELA / COLUMNISTA

#DESPIERTASONORA

De usar sombrero, nos lo quitaríamos en señal de respeto y reconocimiento al presidente municipal de Hermosillo, Antonio Astiazarán Gutiérrez, al secretario de la comuna, Florencio Díaz Armenta y los titulares de Ecología y de Inspección y Vigilancia, porque por fin se atrevieron a actuar en contra de quienes organizan fiestas como si estuvieran en tierra de nadie. 

Prácticamente desde el inicio de sus operaciones, numerosos antros y congales del corredor de giros negros en que se ha convertido céntrico sector del centro de Hermosillo, han convertido en un infierno la vida de gran cantidad de vecinos, que deben ser testigos obligados de espectáculos denigrantes, bloqueos de sus accesos, pleitos, escuchar alegatas de borrachos y borrachas y aguantar hasta avanzadas horas de la madrugada ensordecedora música. 

En muchos casos ni siquiera respetaron restricciones de horario o de aforos a causa de la pandemia del Covid-19, pero ahora ya resultó el colmo, que por la forzada reactivación económica y relajamiento por las fiestas de fin de año y arranque de este 2022, le subieron varias rayitas a sus intemperancias y falta de respeto vecinal, haciendo de plano insoportable la situación y con ello arreciando las protestas y denuncias para que les pusieran un alto. 

Ante la sordera oficial, sabemos que ya se organizaban para entrarle a la justicia por propia mano, pero afortunadamente por fin hubo reacción y el pasado viernes la dirección de ecología a cargo de Francisco Jesús Gil Barraza y de Inspección y Vigilancia encabezada por Alejandro López Parada, aplicaron los primeros correctivos y sanciones a empresas que ya se creían intocables.

En las citadas áreas de la comuna deben saberlo, porque la “Cervecería 21”, “Cervecería 22” y “Estribor”, no son los únicos antros ni los únicos congales que operan mucho más allá del máximo autorizado de decibeles en sus sistemas de sonido y que además, sus asistencias provocan ambientes de inseguridad en los entornos de dichos establecimientos, aunque regular y evitar lo anterior debe ser responsabilidad de la policía municipal donde las manda cantar Manuel Emilio Hoyos. 

El caso es que los mentados congales fueron multados por casi 87 mil pesos por cabeza, en función de lo que mandata el artículo 229, fracción XXIII del Reglamento Municipal de Ecología, que establece que generar emisiones de ruido por encima de los niveles máximos permisibles en la normatividad ambiental aplicable, se sancionará con una multa de cien a veinte mil Unidades de Medida y Actualización (UMA’s). 

Una acción de esa naturaleza ya urgía para así mandar un mensaje a la sociedad de que en materia de fiestas y pachangas esto no es tierra de nadie y que quienes hacen negocios con dichos giros deberán moderarse y aplicar criterios que norman el respeto vecinal, quedando la esperanza de que ojalá no sea flor de un rato la decencia de su parte y la actitud quisquillosa del ayuntamiento. 

Como decíamos, nuestro respeto y reconocimiento a las autoridades municipales por emprender acciones que ya urgían y que en el caso de la zona rural urgen, ya que en estas comunidades lo que ocurría en los antros sancionados se queda en amateurismo, toda vez que acá la música más allá de los máximos decibeles permitidos se maximiza porque la escandalera por lo regular es a cielo abierto. 

La verdad es que ya se hizo costumbre el desvelo a causa de esos animales que invaden la privacidad de los hogares a 100 o 200 metros a la redonda con su música grupera, tecnobandas, tacatacas, bandas buchonas y demás, sin que haya autoridad que valga para poner orden en espacios convertidos en lugares de renta para celebrar pachangas, sin cubrir mínimos requerimientos de seguridad. 

En meses y años pasados se nos hizo la boca chueca por hacer las denuncias correspondientes y debemos reconocer que en la anterior administración municipal fuimos atendidos, pero al modo, era cuestión de que se llamara la atención se extendiera la multa, se recomendara bajar volumen y ya retirados los inspectores o la patrulla, para volver a lo mismo. 

Ya en la actual encabezada por el Toño, recurrimos al 911 o al 081 y de plano no hubo respuesta, no quedándonos de otra que aguantar vara y resignarnos a desvelos casi a diario, aunque afortunadamente la escalada de contagios por Covid-19 de estos primeros días del año, ha reducido el ruidajo de nuestro entorno. 

Pero de todas formas sigue y si bien en nuestro caso ya no denunciamos, sería cuestión de que por oficio agentes policiacos de por estos rumbos aplicaran sus sentidos auditivos para dar con lugares en donde obviamente se viola la ley, se invade la privacidad y se agrede a la convivencia vecinal. 

O sea, desde este humilde espacio solicitamos a la autoridad municipal que extienda sus ánimos justicieros hasta comunidades rurales en donde la situación en cuestión de contaminación ambiental por ruido excesivo a causa de fiestas, es incluso mayor que en la mancha urbana y la verdad es que nos atrevemos a asegurar que el reconocimiento que tendrán de nuestra parte será generalizado, si se atreven a entrarle a ese torito. 

Por lo demás, todo indica que por mera casualidad, las autoridades de salud decidieron reducir a solo siete días el aislamiento de contagiados por Covid-19 que no requieran de hospitalización, la mitad de lo que se estuvo aplicando a lo largo de la pandemia. 

Y decimos que por mera casualidad, ya que tal reducción de días de confinamiento para evitar contagiar, le vino como anillo al dedo al presidente Andrés Manuel López Obrador, quien de esa manera está en condiciones de retomar sus catilinarias mañaneras a partir de este lunes, luego de que su relevo, el Secretario de Gobernación, Adán Augusto López resultara muy macana. 

Púes López Obrador debe andar con el buche retacado de estulticias que seguramente vomitará a la menor provocación, además que lo hará feliz-feliz, porque de nueva cuenta las medidas para contener la expansión del virus se adaptan a sus necesidades, como cuando Hugo López Gatell decidió que era seguro realizar concentraciones de personas con aforos de hasta 20 mil personas porque su jefe insistía en realizar mítines o cuando negaba la utilidad del cubrebocas solo porque su jefe se negaba a usarlo. 

Por lo pronto, al actualizar el “Lineamiento estandarizado para la vigilancia epidemiológica y por laboratorio de la enfermedad respiratoria viral”, que originalmente fue publicado en octubre de 2021, de manera oficial, la dependencia federal, redujo el tiempo de confinamiento a 7 días, el cual, desde que inició la emergencia sanitaria, se había planteado con una duración de 14 días. 

Sin embargo, de forma contradictoria, como nota aclaratoria en el mismo documento, la Secretaría de Salud señaló que se considerará que un paciente está recuperado, cuando hayan transcurrido 14 días del inicio de los síntomas, además que de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, al menos durante 12 días del inicio de los síntomas, se considera factor de riesgo de contagio. 

En fin, todo sea para que el presidente satisfaga su insaciable ego desde su púlpito mañanero, aunque también se percibe que dicha reducción obedece a motivos económicos, luego del creciente ausentismo laboral que ha derivado de la escalada de infectados en los últimos días, sin que tengamos idea si ese remedio salga peor que la enfermedad. 

Mientras las autoridades de salud se avientan esos malabares, los contagios siguen rompiendo récords, ya que el último reporte contabiliza 47 mil 113 nuevos casos para sumar ya caso cuatro millones y medio a nivel nacional, con casi 315 mil decesos entre confirmados y sospechosos, con una tasa de letalidad del 6.99 por ciento, cuando a nivel mundial dicho índice es 1.71 por cada 100 mil habitantes. 

Pero no se agüiten, porque en Sonora también estamos rompiendo récords, ya que por varios días se han superado los mil contagios diarios, llegando a un gran total de casi 140 mil casos a lo largo de la pandemia y casi nueve mil 500 fallecimientos, y contando. 

A fin de cuentas la ventaja es que por los avances de la vacunación y por la menos letal variante Ómicron, se ha reducido sustancialmente la pérdida de vidas y se mantiene en estado controlable la capacidad hospitalaria, quedando sólo los efectos negativos en el ámbito laboral y por eso a lo mejor el aferramiento de mantener en agenda la celebración de eventos masivos como es el caso del festival Ortiz Tirado en Alamos, aunque sabemos que si la situación se complica, al titular de salud, José Luis Alomía no le temblará la mano para suspenderlo y de hecho, tal previsión está muy cercana, así como la suspensión de clases presenciales. 

@Samvalor

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