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  • sáb. May 21st, 2022

LA GUERRA, EL FRACASO DE UN SISTEMA EN BANCARROTA

Mar 2, 2022

ALBERTO VIZCARRA OZUNA / COLUMNISTA

#DESPIERTASONORA

    El propósito de los principales centros de manipulación mediática mundial,  es que la opinión pública se conforme en torno a la operación militar del gobierno de Rusia en  Ucrania, tomada el lunes 21 de febrero, al momento de reconocer la independencia de los territorios autónomos de Donestk y Lugansk, poblaciones ruso-hablantes ubicados en Ucrania. Reducir los alegatos al incidente y a la vorágine de acontecimiento derivados del mismo, es un procedimiento muy socorrido para sumergir a la gente en los hechos y alejarla del conocimiento de las causas. Se trata de un guión muy ensayado por el complejo militar-industrial angloamericano que controla a la OTAN. Lo practican desde que cobró hegemonía su estrategia de guerras permanentes a mediados de los años ochenta.

    Así procedió la OTAN en Irak, lo hicieron en Siria, también en Libia y últimamente en Afganistán, por solo mencionar a los más emblemáticos, donde las consecuencias fueron millones de vidas humanas perdidas, con secuelas económicas y sociales que no terminan de ser reparadas, porque a ninguno de estos países se les ha ofrecido un programa de reconstrucción. En cada uno de estos casos, y en otros similares, se elaboró una narrativa en nombre de la libertad y la democracia y se dibujó a los gobernantes de estos países como monstruos que amenazaban la paz mundial.

    El trato mediático del mundo occidental al conflicto militar entre Ucrania y Rusia,  es igual en cuanto a la narrativa, pero a diferencia de las naciones del mundo árabe, Rusia es una nación-continente con poderes nucleares y ventajas asimétricas resultado de sus notables avances tecnológicos en armas hipersónicas. Aquí la utopía descabellada del fin de la historia y de un mundo unipolar, ha recibido un cuestionamiento dramático: en un desenlace de guerra nuclear, no habrá vencedores ni vencidos. Sería el equivalente a un suicidio civilizatorio, una derrota de lo humano y de la humanidad.

    Todo hecho tiene una historia, ningún acontecimiento se explica por sí mismo. Las promesas de la OTAN, de no expandirse “ni un centímetro” hacia el este, después de la caída del muro de Berlín (1989) y la consecuente desintegración de la Unión Soviética, no se cumplieron. No obstante que Rusia se abrió al mundo occidental y ofreció colaboración para contribuir a la seguridad mundial. Y lo hizo a tal grado, que permitió inspecciones norteamericanas al interior de sus instalaciones nucleares y otros centros militares, en un gesto de buena voluntad, pensando en que la promesa de no avance de la OTAN sería cumplida. En menos de tres décadas la frontera de la OTAN se recorrió mil kilómetros en dirección a Rusia, teniendo como objetivo estratégico su instalación en Ucrania.

    El golpe de estado del 2014 en Ucrania, es un punto de inflexión en el proceso de extensión militar hacia el este. Aparece como una secuencia del expansionismo de la OTAN. Victoria Nuland, a la sazón Subsecretaria del Departamento de Estado de los Estados Unidos, en el gobierno de Barak Obama, jugó un papel protagónico en ese episodio, desplegando un activismo franco a favor de las fuerzas políticas que participaron en el golpe, sin importarle la notoria presencia de grupos neo-nazis herederos de Stepán Bandera, orgulloso colaborador de Hitler y puente ucraniano para la invasión de los ejércitos nazis a Rusia en la Segunda Guerra Mundial.

En este contexto y con estos antecedentes, se explica de donde viene la animación para que el actual presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, esté pidiendo la instalación de la OTAN en territorio ucraniano.  Algo evidentemente inaceptable para Rusia. Las voces que desde los gobiernos europeos y el coro ordinario que se ve arrastrado por la operación mediática, condenando en forma altisonante la reacción de una nación acorralada como Rusia, hicieron  mucha falta durante las últimas décadas cuando la OTAN impunemente ejercía su expansión sistemática sobre los países del este.

Los poderes de occidente parecen taparse los oídos y los ojos. No quieren aceptar que en la decisión de no incluir a Ucrania en la OTAN, descansa la posibilidad de iniciar un proceso de distensión. Es evidente que el mundo bipolar ya no existe, como también es demostrable que la pretensión de consumar la unipolaridad mundial ha resultado un fracaso. La fantasía de crear un Nuevo Siglo Americano, después del derrumbe del muro de Berlín y la caída de la Unión Soviética, lo que ha creado es un mundo imposible y eventualmente inhabitable. Una visión retrógrada, que pretende recolocar a la humanidad en la era previa a la existencia de los estados nacionales soberanos.

La ceguera se alimenta en la arrogancia y en el ciego propósito de perpetuar un orden financiero global que técnicamente se encuentra en bancarrota. Se admite la existencia de una burbuja financiera que pesa sobre todas las naciones del mundo y que rebasa los 2 mil billones de dólares, una carga que representa 20 veces más que el Producto Interno Bruto de la economía mundial. La demanda de renta de esta montaña especulativa hace inviable cualesquier ambición de progreso y bienestar de las naciones.

Sostener la continuidad de lo inviable, reclama el expansionismo permanente, con guerras perpetuas, naciones fallidas, revoluciones de colores, golpes blandos, subversión de regímenes, violación de garantías y de derechos humanos. Una política global que busca a toda costa, preservar el control sobre mercados y fuentes de recursos estratégicos para asegurarle al sistema financiero internacional sus tasas de renta crecientes que al mismo tiempo hacen imposible la vida y el crecimiento económico de las naciones y los pueblos.

Hay cosas urgentes que corregir para no continuar, como ahora, a pasos acelerados hacia una guerra nuclear que ningún ganador tendría tiempo para celebrar. Todo momento oscuro, tiene la posibilidad de un amanecer. Habría que reconocer los grandes errores cometidos, admitir la bancarrota del sistema financiero, borrar la deudas enfermas e impagables y construir uno nuevo que le preste servicio a un sistema de crédito que estimule la construcción de grandes obras de infraestructura, redistribuya la riqueza elevando las capacidades productivas del trabajo humano y estimulando vigorosamente la ciencia y la tecnología.

No es imposible que las principales naciones del mundo se sienten sobre la mesa a discutir que en el beneficio del prójimo se encuentra el beneficio propio. De lo contrario estaríamos evidenciando la imposibilidad moral para sobrevivir.

Ciudad Obregón, Sonora, 2 de marzo de 2022

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