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ENTRETELONES

May 30, 2022

GROTESCO

SAMUEL VALENZUELA / COLUMNISTA

#DESPIERTASONORA

Hasta hace unas horas, entre los habitantes de comunidades de la zona rural de Sonora prevalecía el temor de ser interceptado por personas fuertemente armadas, de toparse con un convoy, de agresiones a la familia y sufrir el despojo del vehículo y demás pertenencias, e incluso de ser asesinados. 

Entre quienes junto a su familia se trasladan a visitar a su terruño allá en la serranía sonorense, ya resulta innecesaria la recomendación solo viajar de día y de no oponerse al despojo de sus pertenencias y mucho menos de su dignidad, ante el grupo de personas que bloquean su paso por cualquier carretera o brecha vestidos con parafernalia militar. 

No, nunca debió ser causa de temor, ya que se trata de personas decentes y preocupadas porque no transiten personas armadas por la región y si bien está mal que se disfracen de militares, su labor no debe ser causa de preocupación y muchos menos de denuncias, porque oponerse o criticarlos es de conservadores y neoliberales. 

Sustancial cambio en la percepción popular respecto al control de facto que mantienen bandas del crimen organizado en diversas regiones del país, gracias a la definición dictada y ordenada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, desde el mero corazón del Triángulo Dorado, allá en el recóndito rincón limítrofe entre Sinaloa, Chihuahua y Durango, zona de producción de amapola más grande de Latinoamérica y región donde abundan laboratorios para la elaboración de metanfetamina. 

Para la historia la definición presidencial respecto a presencia de grupos armados en regiones del país, que desde su perspectiva no son preocupantes, que se complementa con la liberación de Ovidio Guzmán, el cariñoso saludo a su abuela, negarse a decirle Chapo al Chapo Guzmán y cuya cereza del pastel es que su seguridad estuvo a cargo de ese grupo durante su visita a Guadalupe y Calvo en Chihuahua, a menos de 40 kilómetros de La Tuna, Sinaloa, base de operaciones del cartel consentido. 

Hemos tratado de no hacer nuestros los temas de orden nacional, pero como éste tiene tan gran impacto en Sonora, no nos queda de otra dado que cambia paradigmas, modifica esquemas, sacude anacrónicas percepciones y a fin de cuentas nos hace ver cuánto estábamos equivocados al juzgar y malamente temer a quienes fuertemente armados ejercen su autoridad en regiones de la zona rural de la entidad y carreteras de acceso. 

Nada qué ver, ya que de acuerdo al presidente, es lo más natural del mundo que el pool de periodistas que se trasladaban a Guadalupe y Calvo por carretera, fuera detenido en un retén por personas fuertemente armadas, con parafernalia militar, ponchallantas, varias camionetas y que además les hayan subido al vehículo a un adulto mayor para que supervisara el traslado. 

Simplemente ese grupo de seres humanos cuida que sobre esa carretera no circule gente armada ni arriesgue la tranquilidad de los habitantes de la región bajo su cargo; está mal que se disfracen de militares, pero esa es una práctica común en todo el país y hay que entenderlos, ya que cerrarse a lo contrario es de conservadores y neoliberales de acuerdo a la disposición de López Obrador emitida desde el mismo corazón del ahora “Triángulo Dorado”, cuna del Chapo Guzmán, pero que debería llamarse “Triángulo de la Gente Buena”, según su sugerencia. 

Bien porque el presidente está en contra de estigmatizar a ninguna zona o región del país, aunque también debería aplicar ese criterio en el caso de mujeres víctimas de violencia, de niños con cáncer, con empresarios, con periodistas y medios de comunicación, ecologistas, científicos, líderes sociales, partidos políticos y así. 

Por supuesto que electoralmente hablando debe ser muy lucrativo ese mensaje de armonía, esa buena relación y vínculo afectivo del presidente con bandas del crimen organizado, su comprensión por lo que hacen, lo cual nos hace reconsiderar sobre lo que impacta al ánimo social al momento de ir a las urnas, o sea, hay un giro de 180 grados sobre lo que suponíamos que estaba bien o estaba mal. 

Por lo pronto, nos hemos quitado un gran peso de encima, ya que cuando vayamos con nuestra familia a Sayula, allá en lo profundo de la sierra de Yécora, no nos asustaremos si adelante del puente sobre el río Yaqui nos detiene un retén de gente armada que indaga nuestras identidades; tampoco que en la confluencia de la carretera Hermosillo-Chihuahua-Obregón-Sahuaripa aparece otro o si nos topamos con un convoy de al menos 20 pickapones en la terracería entre Yécora y La Iglesia o en la brecha que lleva al rancho familiar. Nada de qué preocuparnos; son solo son seres humanos que nos cuidan y evitan que haya gente armada que pueda causarnos daños. Es alentador. 

Por otra parte, hace unos días Sergio Guerrero Hernández renunció a su responsabilidad como secretario particular de la alcaldesa de Guaymas, Karla Córdova, luego de alegar asuntos familiares, aunque bien pudo ser consecuencia de haberse asumido con facultades para responder al Congreso del Estado un par de exhortos relativos a solicitudes para que la SIDUR elabore diagnósticos sobre el estado de calles y avenidas y determine costos para bacheo, recarpeteo y pavimentación, así como para que determine reservas territoriales para desarrollar bosques urbanos. 

En una demostración más de la ignorancia de la ley, hasta dónde llegan sus facultades, este señor firmó y envió las respuestas al Poder Legislativo, sin que tengamos idea del sentido de sus respuestas, aunque eso es lo de menos, porque dentro de sus responsabilidades para nada corresponde el que sea él el que decida, firme y envíe documentación alguna al Congreso del Estado, de acuerdo a la Ley de Gobierno y Administración Municipal. 

Es increíble que eso ocurra, aunque por ser Guaymas todo puede esperarse en el marco de una administración municipal repleta de incompetentes, sin que tengamos idea si la alcaldesa fue parte de esa estupidez y ante el desbarre tuvo que obligar a renunciar a su hombre de confianza y verse obligada a reponer el procedimiento, porque para efectos legales, no tienen ningún efecto las respuestas de su ahora exsecretario particular. 

Desconocemos si ya encontró quien entre al relevo y si lo hizo o no, lo primero que debería hacer es que memorice lo que dice el capítulo sexto de la Ley de Gobierno y Administración Municipal, relativo a los órganos auxiliares del presidente municipal y a las facultades y obligaciones del secretario particular y que recuerden que los servidores públicos solo pueden hacer lo que la ley establece. 

Mientras tanto, sin aspavientos ni protagonismos, nos llega información de la destacada gestión de Vladimir Barboza como delegado de Infonavit en Sonora, área que mantiene intensa actividad en estrecha coordinación con instancias federales. 

Desde fines del 2018 el citado funcionario federal mantiene una impecable y provechosa relación con desarrolladores de viviendas y estableciendo vías jurídicas de solución a la ancestral problemática de la vivienda en Sonora y el sector laboral, particularmente con los beneficiarios de ese organismo. 

Además, ya lo sabíamos, pero vamos a destacar cómo Don Vladimir es un insustituible enlace con la logística de todas las giras presidenciales en la entidad, con una relación estrecha y de total confianza de su familia con el presidente López Obrador y su equipo, situación que deberá gravitar fuertemente en decisiones que en estos días se tomarán en materia de fiscalización. 

Y todo un éxito; con saldo blanco, concluyen este domingo las Fiestas del Pitic, pachanga donde de acuerdo a toda una diversidad de reportes, hubo de dulce, de chile y de manteca, pero todo en santa paz, dado el eficaz operativo ordenado por el alcalde Antonio Astiazarán; el operativo desplegado por el comisario Emilio Hoyos y la civilidad de miles de personas que disfrutaron de presentaciones artísticas y culturales.

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