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LA REVOLUCIÓN MEXICANA NO ES UN PROCESO CONCLUIDO

Jun 30, 2022

ALBERTO VIZCARRA OZUNA / COLUMNISTA

#DESPIERTASONORA

    El presidente Andrés Manuel López Obrador, está a dos años tres meses de concluir su sexenio. En cuanto a la estrategia económica, se adhirió a la ortodoxia de la política económica libre cambista y a las normas macroeconómicas neoliberales impuestas a México durante los últimos cuarenta años. En sentido estricto, hizo lo mismo que las administraciones federales que arrancaron con el gobierno de Miguel de la Madrid. Consecuentemente, no pudo romper con la inercia del estancamiento económico que ha marcado al país durante las últimas cuatro décadas; extenso período al que algunos economistas califican como la larga noche neoliberal. Se advierte que el sexenio de López Obrador concluirá cubierto por esa oscuridad.

    México se mantiene así como viajero incondicional de los juegos geopolíticos sostenidos por los Estados Unidos y los intereses financieros angloamericanos en contra de Rusia y de China. La política económica interna le sigue rindiendo tributo a un sistema financiero occidental en bancarrota, cuyos procedimientos para combatir la hiperinflación creada por sus propias prácticas especulativas -elevando en forma creciente las tasas de interés- resultan un remedio peor que la enfermedad, al profundizar la contracción económica y el crecimiento de las deudas. Ante tales prácticas depredadoras, el presidente sigue la corriente y anuncia mayores ajustes al gasto y una profundización en la austeridad.

    Emocional e intelectualmente, el presidente muestra un desapego a la revisión de las consecuencias de su política económica. Lo despacha rápido y con artificios retóricos concluye que todos los problemas devienen de la corrupción. Luego se concentra en lo que se siente poderoso e invencible: su capacidad de ganar el consenso de asamblea, en este caso las elecciones. Está metido de cabeza, tanto él como la oposición, en el desenfreno de mantener el poder, como un fin en sí mismo, mientras el debate programático y la discusión de los problemas reales que pesan sobre la nación se destiñen y no encuentran espacio. Pelean con febril ahínco la capitanía del barco, sin importarles que la nave se esté hundiendo. La pérdida de espacios territoriales a manos de los ejércitos privados del narcotráfico podría ser la cara más dramática del descenso general de la nación.

    Parecería que la métrica del presidente, no es el estado que guarda la nación, sino los registros de su popularidad en las encuestas.  Mientras en estas  se mantenga con una buena aceptación popular, lo demás poco importa o importa nada. Para sostenerse arriba en las encuestas, encontró una ruta que a él le parece infalible: la polarización. Dividir las opiniones sobre asuntos temáticos, la mayoría de ellos no estratégicos, en los que saca ventaja, no por los logros de su gobierno, sino por el descrédito indiscutible de la oposición partidista. Una dinámica que le cierra los espacios a la reflexión programática y reduce la participación al apandillamiento del a favor o en contra del presidente.

    Si bien esto conforma el ambiente de la opinión mediática, hay distinguidas voces y algunos agrupamientos y organizaciones que sostienen una seria preocupación por el impredecible rumbo que tiene el país. Al respecto destaca la postura mantenida por Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, quien indiscutiblemente es referencia moral, intelectual y política, de amplios estratos sociales, académicos y económicos, que comparten la confianza de que Cárdenas podría ser elemento fundamental de una convocatoria que le introduzca una gran dosis de cordura y reflexión a la discusión de los grandes problemas nacionales.

Y esto es lo que se propone desde hace tiempo Cárdenas. Lo reafirma con la reciente publicación de su libro “Por una Democracia Progresista”. En el libro hace una revisión histórica sobre la conformación del Estado mexicano. Una de las principales conclusiones es que la Revolución Mexicana es un proceso abierto y vivo, que no puede ser considerado como una transformación concluida, en tanto que los propósitos de bienestar, de justicia y de igualdad de oportunidades, no se han cumplido. Se tienen grandes pendientes en educación, empleo y otros renglones de la vida nacional que no están resueltos. La Revolución, se propuso originalmente construir una nación y una sociedad democrática. Y un elemento fundamental para lograrlo, es la igualdad. Algo que para Cárdenas, estamos muy lejos de haberlo alcanzado, si se tienen en cuenta las enormes diferencias sociales que existen.

    Ante los afanes refundacionales, que arbitrariamente cierran el proceso transformador de la Revolución Mexicana, Cuauhtémoc Cárdenas rescata uno de los principios medulares de la revolución, aquel que le atribuye al Estado la facultad de planear el desarrollo económico integral de la nación. Una economía que no queda sujeta a los vaivenes del mercado, en donde el Estado no es un sector económico sino el garante del bienestar general.

    En esto Cárdenas es enfático, si se quiere un crecimiento de la economía entre el 5 y el 7 por ciento del PIB, se tiene que planear, esto es, no puede quedar a expensas de los caprichos del mercado o de los deseos de la inversión extranjera. Se tiene que invertir para que la economía reaccione y se tiene que sostener el esfuerzo de inversión. Y señala, “que no se puede, a partir de los presupuestos de cada año pensar en el desarrollo del país, pues un año se recolecta y otro no”. Infiere con ello, la necesidad de una política nacional de crédito que le otorgue mayor vigor al gasto público.

Refiere ejemplos exitosos de economías basadas en la planeación, y dice que los hemos visto en otros países como Japón, que a partir de un tiempo determinado de mantener el esfuerzo y la disciplina en la gestión pública logró duplicar su producto interno bruto. Luego pone el ejemplo de lo que llegamos hacer en México, cuando se construyeron las grandes presas en el país y los grandes sistemas de riego en el noroeste de México, subrayando que todo esto se logró bajo el esquema de una planificación amplia e integral. Apoyado en estos conceptos, Cárdenas ve necesario e indispensable, crear un Sistema Nacional de Planeación del Desarrollo, donde los planes sean obligatorios y se conozca qué se tiene que hacer, quién es el responsable, dónde se van asignar los recursos y se rindan cuentas.

Atender la discusión impulsada por Cuauhtémoc Cárdenas, es algo que le apremia a la nación. Es una oportunidad para que el país no naufrague en el mar de la polarización.

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