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AMLO MARCA DISTANCIA CON LOS BRICS

Ago 9, 2023

ALBERTO VIZCARRA OZUNA/COLUMNISTA

#DESPIERTASONORA

            En la mañanera del martes 8 de agosto, el presidente Andrés Manuel López Obrador, se apuró a confesar su lealtad al bloque comercial con américa del norte, que conforma México con los Estados Unidos y Canadá, al mismo tiempo puso distancia del creciente agrupamiento de naciones del sur global que procuran ingresar a la iniciativa de desarrollo económico, tecnológico y comercial organizados en torno a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, conocido como BRICS.

            Las razones ofrecidas por el presidente para no enlistarse en el grupo de más de 40 naciones del mundo que están solicitando su ingreso al BRICS, son fundamentalmente de orden geopolítico. Y así lo explica, cuando refiere los motivos comerciales y de vecindad, reiterando el compromiso de seguir fortaleciendo el TMEC. Luego se ofrece, como lo ha hecho en otros momentos,  ser el gestor que incorpore a los demás países latinoamericanos a lo que él mismo define como el bloque comercial de américa.

            El presidente admite la geopolítica como una fatalidad, como las delimitaciones establecidas por los Estados Unidos que pasan a ser confines infranqueables; lo hizo desde que participó como presidente electo en la revisión y luego en la firma del TMEC, donde admitió que México se obliga a no diversificar sus mercados, especialmente no establecer vínculos comerciales de peso estratégico con China y otros países que Norteamérica pudiera considerar adversarios geopolíticos.

            La premura del presidente para hacer formal su distancia con los BRICS, no es una descortesía diplomática con los países que han tomado la iniciativa de explorar en otras posibilidades ante la incomprensiva política económica de los Estados Unidos, es más bien un gesto lisonjero frente a los poderes angloamericanos que mantienen una ofensiva irrefrenable para consolidar por todos los medios  -incluida la guerra- una globalidad unipolar que tenga como eje dictatorial a los centros financieros de Wall Street y Londres.

            También le urgía al presidente mandar este mensaje de apego al bloque norteamericano, porque a partir del 22 de agosto se celebrará la cumbre de los BRICS en Johannesburgo, Sudáfrica, donde se espera que participen más de 71 naciones. Podría ser la reunión en la que concurran el mayor número de naciones del sur global de los últimos tiempos. El vórtice de este proceso, lo constituye el crecimiento y la expansión económica de naciones como la India y China que juntas representan más del 30 por ciento de la población mundial, sin dejar de estimar la presencia de Rusia y de la nación más grande de América Latina que es Brasil; junto a Sudáfrica, un país emergente situado en el continente que ya cuenta con más de mil millones de habitantes.

            Por la ubicación geográfica de los países que conforman el núcleo primario de los BRICS, pero también por el espíritu de sus liderazgos, el agrupamiento no se autoconcibe en la lógica geopolítica de los bloques. Más bien se piensa como una iniciativa con el potencial práctico para ir colocando los primeros ladrillos en dirección a lo que han dado en llamar una nueva arquitectura financiera internacional que le proporcione a todas las naciones del mundo, especialmente las más pobres, la oportunidad soberana al desarrollo industrial, al crecimiento económico y al bienestar de sus pueblos.

            Una posibilidad que se le ha negado a la mayoría de los países, bajo el orden financiero vigente, que por más de medio siglo ha privilegiado la especulación y ha hecho del crecimiento de las deudas y del dólar un instrumento reeditado del colonialismo. Lo que le ha ocurrido a la economía de México durante estas últimas décadas, es una prueba irrefutable de la inviabilidad social y económica de tales políticas. Los acuerdos comerciales del TLCAN-TMEC le han asignado a México, la condición mediocre de una especie de enclave territorial subcontratado para proporcionarle al mercado norteamericano mano de obra barata (maquilas) y cantidades ingentes de agua y energía subsidiadas.

            Los saldos para México, no podrían ser peores: un largo estancamiento económico, índices de crecimiento que por más de treinta años se han mantenido por debajo del 2 por ciento anual, generando tasas de desempleo que paliativamente se siguen aliviando con la salida de millones de mexicanos a los Estados Unidos, crecimiento de la pobreza, desindustrialización y abandono a la producción nacional de alimentos. La resultante más sombría de estos esquemas económicos, es la descomposición social que sufre México, con regiones abatidas por las pandillas del narcotráfico que operan como ejércitos privados avituallados con armas y dólares desde los Estados Unidos.  Es un largo periodo que deja en la penumbra los mejores momentos de la relación comercial de los Estados Unidos con México durante las primeras décadas de la pos guerra.

            Hay quienes justifican esta adhesión del presidente a la geopolítica de los bloques económicos, adjudicándole una motivación pragmática. Pero los saldos desfavorables, están muy lejos de lo práctico. El miedo convertido en cobardía, también es motivación. No obstante los fracasos al mantenerse dentro de las reglas establecidas, el presidente teme explorar en nuevos caminos y subestima el impacto mundial y nacional favorable que representaría el ingreso de México a los BRICS.

Ciudad Obregón, Sonora, 9 de agosto de 2023

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