fbpx
  • lun. Jun 17th, 2024

LA ECONOMÍA INFORMAL FENÓMENO NEOLIBERAL

Ago 17, 2023

ALBERTO VIZCARRA OZUNA/COLUMNISTA
DESPIERTASONORA
Ha cobrado espacio en la opinión pública, la discusión que pretende colocar al notable crecimiento del sector informal de la economía nacional, como el eje causal de la falta de crecimiento económico, baja productividad y marginación social. En la imputación al crecimiento de la informalidad como la madre de todos los males, el protagonista de ocasión es Santiago Levy Algazi, economista que se desempeñó como funcionario de primer nivel en los gobiernos de Carlos Salinas, Ernesto Zedillo y Vicente Fox, administraciones en las que la informalidad marcó su crecimiento, al grado tal que la administración foxista se decantó a favor de una “economía de changarros”.
Se le hace propaganda a un ensayo de Levy, realizado en colaboración con Luis Felipe López-Calva, que bajo el título: ¿Qué falló? ¿Qué sigue? México 1990-2023, se propone evaluar la estrategia de desarrollo que México ha seguido desde principio de los años noventa hasta la administración actual. La conclusión medular del ensayo es que las políticas tributarias seguidas durante los últimos treinta años, de seguridad social y protección laboral, constituyen el principal motivo por el que la economía presenta un crecimiento desmesurado de la informalidad. Para explicar el motivo de estos males, Levy, sugiere una causa difusa. Acusa la disfuncionalidad del pacto social (la Constitución) sin dar mayor explicación al respecto.
Aunque en la indagatoria de todo análisis científico es imprescindible la revisión de la interacción entre lo macro y lo micro, esta parece ser una exigencia no considerada por Santiago Levy. Construye en torno al fenómeno de la informalidad, una realidad aparte. En entrevista reciente, de las muchas que se le están ofreciendo, lo que establece de entrada es que la estabilidad macroeconómica lograda en torno a la firmas del TLCAN-TMEC, es “algo maravilloso”. Con ello excluye de un plumazo las posibles afectaciones de estos acuerdos sobre la economía nacional.
Lo hace, no obstante que es observable que las tasas crecientes de la informalidad se dispararon precisamente a partir de estos acuerdos, mismos que le impusieron al Estado mexicano el abandono del concepto de economía dirigida y planificada, y que lo llevaron a desmantelar todos los instrumentos de protección al mercado nacional y a los propósitos industrializadores que México se había dado desde 1934 a 1982. La economía quedó así sujeta a los apetitos de los mercados internacionales, y especialmente al mercado de consumo de los Estados Unidos, quien le asignó a México la condición de proveedor de mano de obra barata en el esquema global de relocalización de empresas (maquilas) para bajar costos.
Curiosamente, a la sombra de estos acuerdos -elogiados como maravillosos por Levy- y de la maquilización, ganaron terrenos los términos de “flexibilización laboral”, contratos temporales, outsourcing, simulación de contratos laborales y otras formas de esta naturaleza que precarizaron la fuerza de trabajo. Mucho de ello tolerado y consentido por el Estado, como la única forma de sostener cierta tasa de empleo y conservarla. Esta informalidad laboral, que ha crecido a la sombra de la estabilidad macroeconómica, tiene también expresión en la mortandad de pequeñas y medianas empresas nacionales, que no pudieron resistir la competencia desleal ocasionada por la apertura comercial indiscriminada asociada al TLCAN-TMEC.
Muchas de las empresas que lograron sobrevivir, lo hicieron en una obligada huida a la informalidad, como también lo hacen los trabajadores despedidos o la mayoría del millón y medio de jóvenes que anualmente se ofertan en el mercado laboral sin encontrar empleo, ubicándose, también obligadamente, en la informalidad primaria que es el autoempleo. Es pues una arbitrariedad presumir la estabilidad macroeconómica como un logro “maravilloso”, y luego desvincularla de toda consecuencia sobre la microeconomía.
Se intenta vender la narrativa de Levy como la construcción de una línea que escapa a la polarización entre los denostadores del neoliberalismo y aquellos que lo consideran el modelo único y precioso. Son nuevas palabras con viejos propósitos: poner a salvo el modelo económico que le ha obstaculizado al país su industrialización y que lo ha llevado a una peligrosa dependencia alimentaria; que provocó el éxodo de más de 20 millones de mexicanos en calidad de refugiados económicos a los Estados Unidos, con una concentración vergonzosa de la riqueza y una inseguridad temeraria.
Se intenta contar un nuevo cuento bajo el principio inamovible de que las líneas macroeconómicas seguidas por el país durante las últimas tres décadas han estado bien, solo se requiere mejorar la habilidad para sacarles el mejor provecho posible: en el gobierno de Fox le llamaron economía de mercado con rostro humano; con Carlos Salinas economía de mercado con sentido social y en el actual gobierno, “por el bien de todos, primero los pobres”. En todos los casos se conserva el axioma y se escrudiña en variantes de una narrativa que venda la misma política económica.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *