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ENTRETELONES

Nov 21, 2023

Fascismo
SAMUEL VALENZUELA/COLUMNISTA
DESPIERTASONORA
Tratándose de personajes de Estado, el actuar como loco, declarar estupideces, ser prepotente y arrogante, no necesariamente representan propósitos fascistas o características de un perfil que encabeza un régimen fascista.

Este lunes de asueto revolucionario al darse la feliz coincidencia y empate entre la fecha de inicio de la revolución mexicana y el calendario cívico neoliberal impuesto desde hace años, estuvimos tentados a tirarnos a la milonga, pero lo ocurrido en Argentina y lo que ocurre en México nos hizo reaccionar.

Por lo pronto, histórica la participación del electorado argentino al acudir a las urnas el 76 por ciento del padrón, cuya mayoría en esta segunda vuelta, dio un aplastante triunfo al polémico Javier Milei sobre el representante del kirchnerismo populista, Sergio Massa.
Los mexicanos podemos jactarnos de que el desgreñado presidente electo de la tierra del churrasco y la yerba mate utilizó el mismo modelo con que Andrés Manuel López Obrador sedujo al electorado en la elección del 2018 y quizás por eso sus discrepancias y descalificaciones mutuas dadas sus diferencias de fondo: rústico, directo y ramplón el argentino, mientras que el mexicano es ladino, simulador y cínico, además de rústico y ramplón.

Han sido frecuentes los encontronazos y referencias nada amables entre ambos personajes, sin que tengamos idea de cómo seguirán las cosas en la relación institucional entre ambos países, pero, de entrada, López Obrador debería ser asesorado o al menos darle nociones de lo que es el fascismo y la significancia de sucesos históricos de la República Argentina.

Al estigmatizar como fascista a Milei y establecer una especie de antípoda respecto a Juan Domingo Perón, el presidente mexicano deja ver su supina ignorancia no solo sobre el significado de Fascismo, si no de las comprobadas simpatías de dicho personaje con Hitler y Mussolini al convertir a Argentina en refugio de fascistas en fuga al terminar la II Guerra Mundial.
Es un despropósito de López Obrador acusar de fascista al protagónico y temperamental presidente electo del país sudamericano y en lugar de descalificarlo de dicha manera, mejor se debería de ver en un espejo, porque según resultados de análisis de estudiosos y de amplia obra bibliográfica, a partir del enero del 2019 se avanza en la consolidación de un modelo fascista a la mexicana y según el ideario por el que votó la mayoría de los argentinos es absolutamente al contrario.

Veamos. Milei propone un libertarismo extremo: privatización de empresas del gobierno en quiebra o deficitarias; reducir la burocracia del gobierno; eliminar controles del gobierno en la inversión privada; acabar con el clientelismo a base de minucias y dádivas del gobierno, para dejar atrás eso de romantizar la pobreza, para en cambio generar condiciones para crear más y empleos mejor pagados.

También dolarizar la economía, libre comercio de órganos y otras cosas extrañas por las que votaron los argentinos, pero que en términos generales no reúnen los rasgos de que su régimen será fascista.
De acuerdo a los perfiles históricos de personajes identificados con el fascismo, destaca en ellos la frecuente invocación divina y amor por el prójimo en sus discursos y erigen sus liderazgos como todopoderosos que encarnan el espíritu y deseos del pueblo; explotan el indigenismo y culturas ancestrales como destino divino; manipulan procesos educativos, fortalecen a las fuerzas armadas como garantía de continuidad; no nacionalizan empresas privadas, pero se asocian con los grandes corporativos para el enriquecimiento mutuo con recursos del Estado.

Convierte al gobierno en un ente injerencista en materia económica; procura el estatismo de empresas privadas y del sistema bancario; sostiene empresas paraestatales a pesar de estar quebradas y convierte al gobierno-Estado en el gran constructor bajo la égida castrense y un corporativismo económico dirigido y centralista; se obsesiona con la autarquía, la autosuficiencia mediante políticas económicas proteccionistas y su sueño es no importar nada de ningún país.

En lo político tiende a la concentración del poder en una sola persona; eliminando factores de equilibrio en el ejercicio del poder, apoyado por exacerbado culto a la personalidad; mediante la cooptación, fraude electoral o la violencia, procura eliminar a la competencia política; emprende juicios sistemáticos contra sectores sociales no por los actos personales de sus integrantes, sino por su pertenencia a determinado grupo o clase social y procura el desprestigio y erradicación de cualquier organización de la sociedad que emprenda acciones ajenas al Estado.
El militarismo; la promoción de la confrontación clasista, populismo con fines clientelares, mesianismo, destino manifiesto, obsesiones continuistas, propósitos para erradicar a la oposición política, nepotismo, la autocracia como fin, asociación con dictadores de igual catadura y absoluto control, fueron los distintivos de renombrados fascistas de la historia y cualquier similitud con lo que ocurre con López Obrador y su gobierno no son meras coincidencias, quien además debería aprender que ser de ultraderecha no necesariamente es fascista y que están más cerca del fascismo regímenes populistas como el suyo.

Ah, y no se nos pase comentar nuestro conocimiento de eventos durante la criminal dictadura militar impuesta en Argentina al fin de la segunda parte del peronismo fascista y del surgimiento de los Montoneros, ese sí movimiento popular armado inspirado en Evita Perón, la reina de los descamisados que en la hermosa provincia de Misiones tuvo un gran arraigo y fue la simiente para el renacimiento años después de la democracia de ese país hermano, que ahora se dio el lujo de elegir a un presidente atípico cuyo perfil ideológico está lejos del fascismo, mientras que en México el nuestro resulta todo lo contrario.

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