#DESPIERTASONORA
En el Cabildo de Cajeme, a Fidel Covarrubias Miranda poco se le escucha. Su voz rara vez figura en el debate de los asuntos públicos y su participación suele pasar tan desapercibida como si estuviera ensayando el arte de la invisibilidad política. Pero fuera de la sala de sesiones, al parecer, el regidor y secretario de Organización del Partido Verde Ecologista de México encuentra con facilidad el protagonismo que tanto le falta en Cabildo.
La noche del martes, ese protagonismo no surgió precisamente de una postura firme, una propuesta relevante o una intervención memorable en favor de los cajemenses, sino de un escándalo en la taquería El Coyote del Norte, propiedad del cantante Carín León, ubicado en Hermosillo, a más de 250 kilómetros de distancia de Cajeme, lugar donde junto al dirigente juvenil, Arnoldo Armenta se vio involucrado en un zafarrancho con meseros del establecimiento.
Hubo forcejeo y hasta la policía llegó.
Lo verdaderamente llamativo no es solo el bochorno, sino el contraste. En Cabildo, donde se supone que debe alzar la voz para defender ideas, debatir problemas y proponer soluciones, hay silencios prolongados. Pero en el desorden, en el pleito, en el espectáculo, ahí sí aparece la energía, el ímpetu y hasta la voluntad de entrar al quite. Para la deliberación pública, mutis. Para el escándalo, presencia inmediata.
Fidel Covarrubias parece haber encontrado una extraña especialidad: pasar inadvertido cuando Cajeme necesita representantes activos y visibles, pero brincar al centro de la escena cuando lo que sobra es el bochorno. Y si en las sesiones de Cabildo no participa ni se le conoce la voz, en los zafarranchos, según quedó exhibido, hasta de réferi se las avienta.
